martes, 12 de abril de 2011

SEMBLANZAS BIOGRAFICAS SOBRE FRANCISCO ANTONIO DE ZELA (III)

Efrain Choque Alanoca 

Arribamos a la tercera parte de nuestras entregas referidas a algunas biografías significativas sobre la vida y acción de Zela. Como es de saber en la parte primera (I) de este recuento histórico, difundimos dos biografías clásicas sobre el prócer criollo de la independencia nacional cuyos autores son los destacados historiadores de la tradición liberal Manuel Mendiburu y Rubén Vargas Ugarte. Luego en la entrega segunda (II) se divulgaron las primigenias narraciones que sobre el particular construyeron las plumas de Benjamín Vicuña Mackenna (1860) y José Belisario Gómez (1862). En esta tercera oportunidad (III) presentamos las biografías esbozadas por Luis Cúneo-Vidal y Lizardo Seiner. De la biografía que sobre Zela hizo Cúneo-Vidal se puede decir que constituye el primer esfuerzo narrativo por presentar una vida articulada a un proceso insurreccional, aunque con matices subjetivos rayanos en la mitología independentista. La obra de Seiner es más orgánica y objetiva, y presenta una acuciosidad notable sobre el movimiento, aunque al utilizar alguna información subjetiva y mítica ofrecida por Cúneo-Vidal, presenta algunas notas signadas por estas construcciones que deben ser precisadas por nosotros en la biografía que presentaremos en la entrega número IV. 

I. ZELA Y ARIZAGA, Francisco Antonio de 
Por: Cúneo-Vidal, Rómulo 

(Cuneo-Vidal, Rómulo. Diccionario histórico-biográfico. Lima. 1978 pp. 461-467.) 

Francisco Solano (impropiamente llamado Francisco Antonio) de Zela y Arízaga, fue hijo de don Alberto de Zela y Neira, peninsular y de su legítima esposa doña María de las Mercedes de Arízaga y Hurtado, peruana. 
Fueron sus hijos: María Tadea, nacida el 28 de octubre de 1763; Bartolomé José, nacido el 24 de agosto de 1765; Feliciano Antonio, nacido el 9 de junio de 1767; Francisco Solano, impropiamente llamado Francisco Antonio, nacido el 24 de julio de 1768; Juan Miguel, nacido el 9 de febrero de 1770 y Domingo Antonio, nacido el 13 de junio de 1773. 

Francisco Solano (impropiamente llamado Francisco Antonio), nació, no sabemos con certeza si en la ciudad de Lima, o en la Calera de los jesuitas, en donde nacieron tres de sus hermanos, el día 24 de julio de 1768. Fue bautizado en la parroquia de Santa Ana el 12 de diciembre de dicho año, según consta de la partida respectiva que hemos sido los primeros en descubrir en los libros de dicho archivo, y que a continuación transcribimos: 

"Francisco Solano. En la Ciudad de los Reyes del Perú, el 12 de diciembre de 1768, yo el teniente cura de esta parroquia de Santa Ana exhorcicé, puse óleo y crisma a Francisco Solano, a quien bautizó el muy reverendo Padre Maestro Fr. Gregorio de la Peña, del orden seráfico, el día 24 de julio, en que nació. "Es hijo legítimo de don Alberto de Zela y Neyra, natural del obispado de Lugo, en el reino de Galicia y de doña María Mercedes de Arízaga y Hurtado. "Fue su padrino don Diego Luis de la Vega y testigos Lucas Arévalo y Manuel Recalde''. 

Poco se sabe de su niñez, de su adolescencia, de sus estudios, de sus primeros pasos en el sendero de la vida. Se sabe que se hallaba en Tacna en 1792, al ocurrir el trágico fallecimiento de su padre, en calidad de aprendiz de ensayador y fundidor de la Callana que de aquellas Reales Cajas dependía. 

En ese mismo año, cumplido el período de su aprendizaje, se recibió de balanzario y ensayador en propiedad, en virtud del nombramiento que a continuación transcribimos: 

"Año de 1792. "El Virrey don Francisco Gil de Taboada y Lemus, virrey y gobernador y capitán general del Perú, etc.: "Por cuanto, por fallecimiento de don Alberto de Zela y Neyra, ha resultado vacante el empleo que obtuvo de ensayador y fundidor de las Reales Cajas de Arica, y siendo necesario proveerlo interinamente en sujeto que posea la instrucción debida en las delicadas operaciones del ensayo, y lo desempeñe mientras que, dando cuenta a S.M., ésta se digne resolver lo que más sea de su soberano agrado. "Por tanto, concurriendo en la persona de don Francisco Antonio de Zela y Arízaga las cualidades y circunstancias al efecto, y teniendo presentes los méritos que ha contraído con el objeto de destinarse en el real servicio, como así mismo su habilidad, constante aplicación y amor al manejo del noble arte de ensayar plata y oro y beneficio de toda especie de mineral y metales, de cuya aptitud ha dado pruebas suficientes en el examen del laboratorio químico metalúrgico, etc. 
"En nombre de S.M. usando de los poderes que de su real persona tengo recibidos y como virrey etc., os nombro, elijo y proveo, a vos don Francisco Antonio de Zela y Arízaga por ensayador y balanzario interino de la Real Caja de la ciudad de Arica, como tal y por tiempo que S.M. se digne concedernos para que lo uséis y ejerzáis en todos los casos y usos a él anexos y concernientes, etc., etc.". 

Tres años después, en 1796, Francisco Antonio de Zela y Arízaga se casó en Tacna con doña María de la Natividad Siles. Fueron sus hijos: María Flora Dolores, nacida en 1797; María Manuela, en 1799; José Santiago, en 1800; Emerenciana, en 1802; José Santos, en 1803; José Manuel, en 1805; José Buenaventura, en 1806; María del Rosario, en 1807 y Lucas Miguel, en 1810. 

Aquel período relativamente largo transcurrido en un centro de suyo comunicativo y hospitalario, había creado en su derredor simpatías, amistades, vinculaciones de sangre y merecido prestigio. Todo ello lo había habilitado para convertirlo, cuando las circunstancias lo exigiesen, en el personero de la sociedad de que formó parte. Contaba cuarenta y tres años cuando llegaron a Tacna las noticias del levantamiento de La Paz y la aparición en el altiplano de las primeras fuerzas libertadoras a la línea del Desaguadero. 

Una Memoria, publicada en 1812 por el intendente de Arequipa, Salamanca, nos hace saber que el 26 de setiembre de 1809 salieron de Tacna contingentes de armados llevando consigo lo mejor que hubo en armamento, municiones y bagajes. Zela supo aprovechar aquel desguarnecimiento de la plaza, para preparar el levantamiento. 

La noche del memorable 20 de junio de 1811, se reunieron en el domicilio del balanzario de la Callana de Tacna, cuarenta vecinos entre los que se encontraban: 
José de Barrios. 
Gabino de Barrios. 
Pedro Alejandrino de Barrios. 
Felipe Gil. 
Francisco Alayza. 
Santiago Pastrana. 
Pedro Gil de Herrera. 
Fulgencio Valdez. 
José Alberto Siles y Antequera. 
Juan Julio Rospigliosi. 
José Rosa Ara. 
Fulgencio Ara. 
José Manuel Ara. 
Manuel Argandoña 
Julián Gil. 
Francisco Marín. 
Manuel Choque. 
Manuel Silva. 
Marcelino Castro. 

El elemento indígena hallábase representado en aquel conjunto por el propio cacique de Tacna, don Toribio Ara, por su hijo José Rosa Ara y por sus sobrinos Fulgencio y José Manuel. 

La fecha señalada para el levantamiento simultáneo de los pueblos de la costa era ese mismo día 20 de junio, en que se realizó aquella junta. Media hora más tarde aquel grupo de hombres valerosos se apoderaba de los cuarteles y de las armas y demás elementos militares que allí existían. 
El domingo 24 de junio, día señalado para la junta del vecindario y de las fuerzas armadas de la revolución en la Pampa de la Disciplina, hoy de Caramolle, adonde se había reunido todo el pueblo de Tacna y la indiada de los ayllos circundantes, apareció Zela en brioso caballo. Una aclamación fragorosa atronó el espacio. 

Las largas horas de intenso trabajo, la angustiosa espera de las noticias de La sublevación de Castelli, la no llegada de los refuerzos ofrecidos de Arequipa, fueron causa de que le sobreviniera un vértigo, precursor de la fatal hemiplejía que traidoramente venía acumulándose en su organismo. Ante la consternación de los presentes se desplomó de su cabalgadura, dio algunos pasos inseguros y cayó por segunda vez al terreno. 

Francisco Antonio de Zela, el protomártir de la revolución tacneña, el vidente, el apóstol que consagrara su alma entera, generosa y ardiente a su obra sublime de patriotismo, era un enfermo reducido a la impotencia. Una sola circunstancia, descontada por Zela, habría podido salvar a la revolución tacneña, aun a despecho de la inhabilitación de su caudillo: el triunfo de las armas porterías en la batalla combatida en los llanos de Guaqui, Casa y Jesús de Machaca, el 20 de junio, fecha en que se produjo el pronunciamiento de Tacna. 

Desgraciadamente las nuevas traídas por un correo venido del cuartel general del brigadier Goyeneche, desvanecieron aquella probabilidad. Zela fue apresado en una noche comprendida entre el 24 y el 27 de junio y fue encerrado de primera intención en la cárcel pública de Tacna. El 28 de marzo de 1815 partió 'del Callao rigurosamente cus¬todiado un prisionero. El era reo de un grave delito, el de haber amado entrañablemente a su Patria y levantado —primero entre sus hijos— el estandarte de su emancipación. 

En Lima, en punto de salir para el destierro de Chagres a que se le condenó, escribe tres cartas; en una de ellas, dirigida a su esposa, pide que se le permita a su hijo José Manuel de nueve años de edad, que lo acompañe. Dos años después, el sin ventura niño era cadáver. Herido por el rigor de un negro destino, el infeliz niño expiró en brazos de su desventurado padre, en el interior de una negra prisión. Escribe a su esposa los últimos renglones que presentan huellas inequívocas de lágrimas. Meses antes, Zela había logrado enviar a su esposa, que residía por entonces en Ilabaya, un retrato a pincel hecho por alguno de sus compañeros de detención. 

La vida del prócer se extinguió en 1821, en los precisos mo¬mentos en que se convertía en realidad aquella emancipación política del Perú por la que inmoló su vida. Una noche de densas nubes del trópico americano, saturada de tinieblas tupidas casi palpable, lo acompañó en sus momentos postreros. La parálisis, que llevaba invadidos sus miembros inferiores aproximábase por grados al foco de su noble corazón. 

II. EL ESTALLIDO DEL MOVIMIENTO 

Por: Lizardo Seiner 
(Lizardo Seiner. Francisco Antonio de Zela. Edit Brasa Lima, 1995.pp 45-58)

EL PRIMER DÍA 
Jueves 20 de junio de 1811, 8 de la noche. De la casa de balanzario Zela salieron, con rapidez y sigilo, entre treinta y cuarenta hombres llevando arraigada en sus mentes una meta muy clara: apoderarse de la ciudad. En el grupo se confundían vecinos y soldados, desertores éstos del regimiento del pueblo.

La tarea no era sencilla; como primer paso debían tomar por sorpresa al resto del contingente de tropa que se encontraba acuartelado en el pueblo. Dejando de lado dudas y temores, los complotados cruzaron las pocas cuadras que separaban la casa de Zela de su primer objetivo: el cuartel de infantería. 

En su intento disponían de regular armamento; llevaban, por igual, armas blancas y de fuego: sables, pistolas y trabucos se contaban entre éstos. Algunos iban embozados, cubiertos con ponchos y capas, pretendiendo no ser reconocidos. Al cabo de breves minutos llegaron a las puertas del cuartel sin ser avista¬dos por el centinela. A Marcelino Castro, uno de los individuos más osados del grupo, se le encomendó la misión de reducir al sargento de guardia, Manuel Ramos; blandiendo un sable, Castro lo intimidó y le exigió entregar las armas. Logró, al cabo de unos minutos de forcejeo en los que llegó a herir levemente al guardia, reducirlo por completo. 

Mientras tanto, los demás aprovecharon el desguarnecimiento e ingresaron al cuartel. La tropa se plegó en gran medida; a los opositores se les encarceló de inmediato. Al frente del grupo iba Francisco de Zela, dispuesto a capturar al jefe militar del partido, coronel del regimiento de dragones, Francisco Navarro. Interro¬gados algunos soldados por el paradero del jefe, respondieron hallarse en su domicilio, distante algunas cuadras. Zela conocía bien a Navarro; años atrás y en compañía de su esposa, Navarro había testificado en el matrimonio de Francisco; no era, pues, un sujeto ajeno al balanzario. De nada valieron los parentescos. Siendo Navarro uno de los previsibles líderes de una contrarre¬volución, debía capturársele y deponerlo de inmediato. 

Actuando con rapidez, Zela dispuso que el grupo se dividiese de inmediato: unos permanecerían en el cuartel, catorce parti¬rían, encabezados por José Rosa Ara, al cercano cuartel de caballería con miras a capturarlo; por último un tercer grupo iría con él mismo a casa del coronel Navarro, a fin de obligarlo a renunciar al mando. Al cabo de quince minutos, Zela volvió al cuartel trayendo prisionero a Navarro, aún no repuesto de la sorpresiva captura del que era objeto. 

A fin de evitar cualquier intento de fuga, Zela mandó engrillar al coronel. La información contenida en las fuentes que dan cuenta de este episodio diverge abiertamente. Invariablemente, cada uno de los tres oficiales que prestaron declaración en la Sumaria, recordaba que el propio Zela en persona les había encomendado la custodia de Navarro. Razones tendrían para sindicarse como eficientes carceleros del coronel. Lo cierto es que Navarro quedó preso e incomunicado; Zela dejó, además, a su cuñado José la jefatura del cuartel mientras él partía a otros menesteres. 
 
Con esta garantía, podía Zela continuar la realización de su proyecto; así, salió con destino a las Cajas Reales, los domicilios de los oficiales reales, el domicilio del ayudante mayor de la plaza y a la casa del subdelegado. El intento fue estéril, pues no halló a ninguno; ni Domingo de Agüero ni Juan de Ozamiz, oficiales reales se encontraban en sus respectivas viviendas; Rivero, el subdelegado, había fugado con dirección a Arica, mientras que Santiago Pastrana, ayudante mayor, fue buscado reiterada pero infructuosamente hasta en siete ocasiones en su domicilio. Como medida de precaución, Zela dejó guardias en los citados lugares, privándolos, así, de un escondite. Donde mayor cuidado empleó fue en el resguardo a la vivienda de Rivero, pues dejó guardias tanto en la puerta principal como en la posterior que daba al río. 

La suerte acompañó a Rivero en su fuga. Ya habían transcurrido tres horas de intenso trajín, en los que los rebeldes iban organizando el nuevo esquema de poder y aún la noticia de la conmoción no llegaba a conocimiento del subdelegado Rivero. Recién al filo de la medianoche pudo Rivero hacerse una idea de lo ocurrido: un sector de tropa capturada, otra plegada a los rebeldes y un numeroso conjunto de armas que había caído en manos de estos últimos. Su situación era verdaderamente comprometida. Sabedor de que su vida corría serio peligro, sin mayor dilación, partió rumbo a Arica, distante trece leguas, ciudad donde podría organizar sus fuerzas y pedir refuerzos a las autoridades de los valles inmediatos, por ejemplo, al subde legado de Moquegua y al intendente. Partió Rivero, no sin antes acudir del vicario a fin de consultarle sobre lo más conveniente a hacer en situación tan apremiante; el cura, Jacinto de Araníbar, le confirmó lo que ya había decidido hacer: salir del pueblo lo más rápidamente posible. Fugó a tiempo porque a los pocos minutos llegaban a las puertas de su casa varios rebeldes encabezados por Zela dispuestos a capturarlo. En ese momento, algunos informaron a Zela que Rivero se hallaba oculto en casa del cura. Ello ya era un avance. Decidió Francisco aplazar la captura para más adelante; otros asuntos requerían su inmediata presencia en el cuartel. 

Rivero describió detallada y vívidamente los angustiosos momentos que le tocó experimentar; así lo manifestó en el parte que envió desde Arica, vía Moquegua, al intendente Salamanca al día siguiente de estallada la insurrección, es decir, el viernes 21 de junio. Por ser de suma importancia, lo transcribimos a continuación, tal como lo dio a conocer, por vez primera, Francisco Mostajo en 1939: 
"Anoche a las once y media, saliendo de la Iglesia, entró un individuo en mi cuarto y me dijo: Señor, los del cuartel se han alzado; a esta noticia acompañé una precipitada salida y me encaminé al cuartel, y estando cerca, me contuvieron unos que allí estaban parados, y me dijeron: han sorprendido la Guardia y se han apoderado de las Armas, y al mismo tiempo oí la voz de D. Francisco Zela, que prorrumpió en esta expresión: cargar y adelante; en tan apurada situación, bajé a la casa del Sr. Vicario a ver que partido tomar y no hallé otro que venirme a esta ciudad, temiendo padeciese igual sorpresa la Artillería de este Puerto. Estoy tomando las medidas más oportunas para juntar gente y armas e ir sobre ellos. "Esta le dirijo a V. S. con expreso por mano del Caballero Subdelegado de Moquegua, a quien le digo que con la mayor brevedad me remita cien hombres armados y V. S. se lo reencargará para que con la mayor brevedad lo verifique. Al dicho subdelegado. También expongo haga un propio al Sr. General (Goyeneche) con el oficio que le acompaño por hallarse de esta parte cerrados los caminos- "Dios guarde a V. S. muchos años - Arica, 21 (de junio) de 1811 Antonio de Rivero "Nota.- Este levantamiento ha sido de los individuos del pueblo, de. los que es cabeza Zela- Una rúbrica. Sr. Gobernador Intendente D. Bartolomé María Salaman¬ca ". "- Arequipa, veintiséis de junio de mil ochocientos once- Por recibido a las siete de esta mañana, y atenta la gravedad del asunto y estado de fuerzas de la Provincia., llévese al Ilustre Cabildo para el que se convocarán sus individuos en la hora. Una rúbrica del Señor Intendente. - Otra del Sr. Asesor.-Bracamonte- Sala Capitular de Arequipa.- Junio veintiséis de mil ochocientos once- Visto, con los documentos que lo acompañan: lo acordado en esta fecha sobre Cabildo abierto, y poniéndose las constancias necesarias y tomada razón devuélvase.- Seis rúbricas". Mientras Rivero emprendía desde Arica la organización del plan represivo, los sucesos seguían desarrollándose sin oposición en Tacna. El vecindario aceptaba la situación; muchos jóvenes se incorporaban al contingente de rebeldes. Por su parte, los cuarteles se hallaban ya capturados, habiéndose tomado las armas y logrando una aceptación de gran parte de la tropa; sin embargo, no era suficiente. Zela requería imperativamente ofi¬ciales competentes. Buscó, por ello, atraerse a sectores influyentes de la oficialidad; al parecer, uno de los militares más experimentados fue Santiago Pastrana quien, con el grado de alférez, ocupaba el puesto de ayudante mayor de la plaza de Tacna. Para ello, Zela dio orden en el cuartel para que apenas Pastrana se presentase allí se le capturara de inmediato, como efectivamente sucedió. Imposibilitado de fugar al no encontrar caballos dispo¬nibles, Pastrana había decidido presentarse al cuartel donde, para sorpresa suya, halló al rebelde Fulgencio Valdez, cadete del regimiento, y al alférez Ferrándiz, encargados de intimarle su inmediata rendición^ Sin alternativa, Pastrana esperó el retorno de Zela de su recorrido por el pueblo. Horas después, el prócer lo conminó a hacerse cargo de la tropa por su calidad de oficial veterano. Apremiado por las circunstancias y sin estar conven¬cido totalmente de su decisión, Pastrana se hizo cargo de la tropa. En todo el tiempo que había transcurrido desde la captura de los cuarteles, fueron frecuentes las estentóreas aclamaciones hechas por los rebeldes a su paso por las calles del pueblo. Gritos proclamando la religión y la patria se confundían con las aclamaciones a Fernando VII y los vivas a la Junta de Buenos Aires y a Castelli, su representante, a quien consideraban seguro vencedor de las fuerzas de Goyeneche en el Alto Perú. Las aclamaciones al rey buscaban despejar toda duda sobre el carácter de la rebelión; era en su nombre que habían asumido el control de la ciudad. Su fidelismo, por tanto, no debía admitir tachas. Tras varias idas y venidas a las casas de las autoridades y recorriendo el pueblo y sus alrededores, Zela regresó al cuartel con el propósito de escribir comunicaciones a las comarcas aledañas informando lo sucedido e invitando a secundar el movimiento. La adhesión debía asegurarse; así, escribió a vecinos de los valles de Sama y Locumba, a Tarata y Arica. Al puerto envió una comunicación a su amigo Felipe Portocarrero Calderón, Sargento Mayor de aquel estratégico lugar; la redactó en los siguientes términos: "Tacna y 20 de junio de 1811. "Señor sargento mayor don Felipe Portocarrero Calderón, Arica. Muy señor mío y apreciado compatriota y amigo: "Ya llegó el día en que se cumplan los ofrecimientos hechos por el pasado, y en que usemos de los rasgos de valentía y generosidad con que debemos cuidarnos unos a otros como verdaderos hermanos. "A las 8 de la noche de hoy nos hemos apoderado de ambos cuarteles, y quedamos de dueños de la plaza. "El coronel Navarro se halla preso e incomunicado. "El subdelegado ha fugado, pero sabemos que se halla oculto en la casa del párroco. "¡Ya caerá en nuestras manos! "El vecindario está tranquilo y de parte nuestra. "Sus vivas a la Patria se confunden con sus aclamaciones al rey don Fernando VIL "Nuestra actuación está asegurada. "No hay que temer, pues en estos instantes sale un propio dirigido al doctor Castelli, que actualmente se halla acampado en el llano de Jesús de Machaca, pidiéndole dos mil hombres, y es de esperar que dentro de ocho días los tengamos en casa. "Por de pronto daré a lid. las fuerzas que sean necesarias para resguardo de ese puerto. "Animo, amigo, y que Dios aumente los años de vuestra merced; son los deseos de su amante compatriota. "Besa las manos de vuestra merced su obsecuente servidor. "Francisco Antonio de Zela. "P. D. Incluyo copia del bando que se publicará mañana poll a Comandancia Militar del partido, cargo que ejerzo provisionalmente. "Espero de la oficiosidad de V. M. y de su celo por nuestra justa causa que en esa no se vaya en contra de nada que afecte a nuestra sagrada religión; y que a cualquiera que con ceguedad se oponga a tan justa determinación se le desatienda y declare por desconocido de la nación, y se le castigue con las mayores penas. "Ofrezco a V. M. y a todo ese vecindario la protección y amparo necesarios. "Vale". Aún quedaba escribir a Castelli, quien se hallaba acampado con cientos de hombres en Jesús de Machaca (Alto Perú, Intendencia de Chucuito). 
 
Deseoso y necesitado de consolidar el movimiento, pidió un refuerzo de 2,000 hombres para la tropa, pero esto era imposible de cubrir para las limitadas posibilidades de Castelli. Como agente de los argentinos en Tacna, Zela conocía las condiciones en que se hallaba aquel ejército. La cantidad de refuerzos fue aumentada ex profeso; en aras de asegurar firmes e inmediatas adhesiones, bien valía la pena hacer una promesa de tal envergadura. 

Terminaba el día pero no sus responsabilidades y ello demandaba no reservar tiempo alguno para reponer energías. El balance era favorable: había asumido el mando político y militar del partido. 

SEGUNDO DÍA 
Viernes 21 de junio de 1811. Zela empleó la madrugada de este segundo día en asegurar la adhesión de algunos oficiales del regimiento. Vuelto al cuartel alrededor de las 2.30 am, encontró al alférez Pastrana aguardándolo en situación de arresto tal como él mismo lo había ordenado. Como vimos líneas atrás, Zela logró, al cabo de una serie de advertencias, la cooperación de Pastrana. 

Concluido ello, debió dedicarse a revisar los términos en que había sido redactado, días antes, el bando que muy temprano en la mañana mandaría hacer pregonar en el pueblo. A las 6 de la mañana, según la versión de Cúneo, salió acompañado de tropa en busca de los oficiales reales, para exigirles la inmediata entrega del dinero depositado en las Cajas Reales. Habidas las tres llaves del arca donde se resguardaban los caudales reales, mandó abrirla y extraer el dinero existente en ella, que no pasó de dos mil pesos. Encomendó a varios soldados cargar los caudales y depositarlos en lugar seguro. Acto seguido, depuso a los oficiales reales y nombró en su lugar al capitán Pedro Alejandrino de Barrios como tesorero y a Pedro Cossío como contador. Al cabo de poco más de dos horas, Zela regresó al cuartel donde esperaba el alférez Antonio Ferrándiz, suspendido de su puesto de oficial de guardia la noche anterior. Buscó Francisco atraerlo al nuevo orden y lo nombró oficial del cuartel, quedando así a cargo del resguardo de Navarro; sin embargo, no había terminado aún la mañana cuando Ferrándiz pidió ser relevado a lo que el encargado, Fulgencio Valdez, accedió. De inmediato, colocó en su reemplazo a Juan Bautista Julio Rospigliosi. 

A media mañana, Zela dispuso que se iniciara el pregón de! bando lo más rápidamente posible, buscando de ese modo informar cabalmente al vecindario las razones de la acción de la noche anterior. El bando, publicado por primera vez por Cúneo en 1921, es uno de los más importantes documentos relativos a la rebelión, que al parecer fue redactado por Zela antes del jueves 20. En él se reflejan los argumentos esgrimidos por el prócer para hacerse del poder y las proyecciones que alcanzará su empresa. Integramente la reproducimos a continuación: "Bando. 

"En el pueblo de San Pedro de Tacna, en 21 días del mes de junio de mil ochocientos once años. 
"Don Francisco Antonio de Zela, el mas fiel esclavo del rey nuestro señor don Fernando VII, y de su augusta generación, en mi carácter de ministro ensayador, fundidor y balanzario de las Reales Cajas del partido, y en el de comandante militar accidental de esta plaza, en orden del Excmo. señor doctor, don José Castelli, vocal de la Excma. Junta de las Provincias del Rio de la Plata y naciones aliadas; en virtud de la justa defensa que se hace para la conservación de estos justos dominios en beneficio de nuestro oprimido soberano, el señor don Fernando VII y de quien justo titulo tenga al trono español: 
 
"Hago saber a mis amantísimos hermanos y compatriotas de todo estado y condición que interesa al bien público la unión de nuestros corazones, humillados ante nuestro omnipotente Creador, y la de las fuerzas que éste nos conserva con el objeto de secundar todos los habitantes de América, los esfuerzos de los rescatadores de la Religión, la Patria y el Estado, que con engaños quieren entregar algunos malos españoles al monstruo, al tirano, al emperador de los franceses, lo que está de manifiesto con motivo de haber quebrantado el general de las tropas del Alto Perú el armisticio que fraudulentamente tramó el gobierno de Lima, para vender con vilipendio la sangre de los fieles vasallos americanos; gobierno que ha pretendido abrogarse la propiedad de nuestro propio suelo con el objeto de comer y subsistir de sus poderosas entrañas, en que Dios ha tenido a bien depositar la subsistencia de nuestra posteridad, para, la conservación de nuestros hogares y honra de nuestros descendientes... 
"Esto se ve confirmado por el tenor del oficio del ejército argentino del Alto Perú que acredita la declaratoria de rompimiento decretado por nuestros jefes de las provincias del Río de la Plata, cuya representación ejerce el Excmo. vocal, doctor don Juan José Castelli; en cuyo nombre y en virtud de la comisión a mí conferida por el mismo, requiere a todos los estantes y habitantes de este pueblo para que se presenten en persona., a las diez de ¡a mañana de este mismo día, en las Cajas Reales, trayendo consigo las armas blancas y de fuego que tengan de suyo, de las que se llevará cuenta y razón, para devolvérselas cuando sea tiempo. 
"También requiero al señor subdelegado, capitán don Antonio de Pavero y Araníbar y a los señores ministros de la Real Hacienda, tesorero don Domingo de Agüero, contador don Juan de Oramiz, para que se presenten en el lugar designado; e igualmente al administrador de la renta de Tabacos y Correos, don Joaquín González Vigil, para que todos ellos presenten los libros y caudales de su manejo, los que serán entregados para su mejor guardia y custodia a los empleados que provisionalmente se tienen nombrados por su buena conducta y conocidos bienes. Estos son: don Pedro Alejandrino de Barrios, tesorero. don Pedro Cossío, contador. don Cipriano de Vargas, administrador de correos. 
"Y para el empleo de coronel del regimiento de Dragones, reconocerán los habitantes de este partido a don Gabino de Barrios, los que provisionalmente ocuparán estos destinos, hasta que sea tiempo de premiar a cada vecino según su mérito, antigüedad y conducta. 
"Y, para inteligencia de este vecindario y su partido, ordeno y mando que se publique esta determinación en forma de bando, a usanza de guerra, por voz de pregonero, que pronuncie con claridad las razones que se le dicten por el actuario, sacándose las copias que sean necesarias para inteligencia de los señores jueces reales y comandantes particulares de las milicias del partido. 
"Y nombro por asesor de este Juzgado y para todas las ocurrencias de justicia, al licenciado don José de Barrios y Hurtado, abogado de las Reales Audiencias de Lima y Charcas, quien habiéndose hallado presente juró por Dios Nuestro Señor y una señal de la cruz de usar el cargo de tal asesor, bien, fiel y legalmente, dictando cuantas providencias sean arregladas a derecho y convengan al mejor servicio del Rey y de la Patria. "Francisco Antonio de Zela. 
"Licenciado José Barrios y Hurtado. 
"Ante mí: Juan de Benavides. Escribano de S. M.". 

Complementándolo, Zela mandó pregonar, igualmente, una importante comunicación de Castelli, fechado en La Paz a 13 de junio, donde denunciaba el desleal proceder de Goyeneche, incumpliendo el armisticio pactado entre ambos. Una reproducción completa del documento podrá hallarse en el apéndice. La adhesión del vecindario, la firmeza de las disposiciones y la claridad con que fueron expuestas las intenciones en el bando, iban consolidando el movimiento. La seguridad a la que iba accediéndose permitía usar títulos que venían a ser, en realidad, fieles reflejos de las verdaderas intenciones de los rebeldes. Todas las cartas conocidas, enviadas por Zela desde este día, llevaban en el encabezamiento un representativo rótulo: Comandancia Militar de la Unión Americana. Una de las misivas escritas este día se envió, en forma conjunta, a los señores alcaldes y al comandante militar de Arica con el tenor siguiente: 
"Comandancia Militar de la Unión Americana "A los señores Alcaldes y Comandante Militar de la ciudad de Arica. "SS. AA. y señor Comandante Militar: 
"Incluyo, para conocimiento de V. V. M. M., copia del bando que en el día de hoy se ha publicado por la Comandancia Militar del partido, que ejerzo provisionalmente. 
"Espero de la religiosidad de V. V. M. M., de su celo patrió¬tico e interés propio, que no vayan en nada en contra de lo que se relacione con nuestra justa causa, sagrada religión, Patria y Estado. 
"De lo contrario se harán V. V. M. M. muy infelices; y cualquier otro que con ceguedad se oponga a tan justa determinación, se expondrá a que se le desatienda y declare por desconocido a la nación; lo que en todo derecho se castiga con las más severas penas. 

"Hago saber que castigaré con las mayores penas al que tuviera la desgracia de caer en semejante entredicho. 
"Ofrezco a V. V. M. M. y a todo el vecindario protección, amparo, y justicia. 

"La mansedumbre de mi corazón y la generosidad de nuestros restauradores, cuya personería ejerce el doctor don Juan José Castelli, darán a conocer el beneficio que se os espera. "Ofrezco a V. V. M. M. muchos años. 
"Francisco Antonio de Zela". 

Las amenazas lanzadas y las promesas ofrecidas, evidencian la seguridad de Zela en el cercano apoyo de las fuerzas bonaerenses. 

TERCER DÍA 

El sábado 22. de junio, Francisco continuó en su consolidación del movimiento. Volvió a escribir a vecinos de los valles circundantes, persuadiéndolos de abrigar su causa. Para los nuevos nombramientos civiles y militares -que las fuentes no detallan-contó con el apoyo de Pedro Alejandrino de Barrios y de Cipriano Vargas. Las tropas permanecieron en su cuartel. Se alistaban para la revista general que al día siguiente se había proyectado realizar. El vecindario continuó manifestando su adhesión a la causa. 

Uno de los logros significativos de este día fue enviar cartas colocándoles como encabezamiento el rótulo de Comandancia Militar de la Unión Americana, evidencia de una mayor toma de conciencia en el movimiento. La carta enviada por Zela al subdelegado Rivero trasluce los rasgos que hemos visto aparecer en documentos anteriores; su acceso al poder, conminarlo a renunciar al mando y de no hacerlo aparecer responsable ante el rey. La escribió en los siguientes términos: 

"Comandancia Militar de la Unión Americana 
"Tacna y 22 de junio de 1811. 
"Señor Capitán don Antonio de Rivero y Araníbar. Arica, Muy señor mío y de mi mayor aprecio: "Habiendo asumido el mando político y militar de este partido el día 20 de los corrientes, por exigirlo así urgentes circunstancias del momento, el bien general del pueblo y su distrito, los cuales en caso de no pronunciarse por la Patria pudieran ser hostilizados en breve tiempo por las tropas del mando del Exento, señor Castelli, que se hallan en activo movimiento desde que se violó escandalosamente, por parte del general Goyeneche, el armisticio pactado, se hace indispensable que V.Md. se abstenga de todo procedimiento que esté en contradicción con estas ideas y tienda a perturbar el orden y unión que felizmente se van conservando y consolidando en esta plaza; y que mucho menos, intente V. Md. recobrar con el auxilio de la fuerza el indicado mando, pues, prescindiendo de que sus esfuerzos serían infructuosos, subsistiría el hecho de que le hago responsable desde este momento a nombre del Rey y de la Patria de los funestos resultados que podría traer aparejada una conducta tan poco meditada, pero circunspecta y nada conforme al bien público. 
"Espero, antes bien, que penetrada V. Md. de la fuerza dé las razones expuestas contribuirá con la más prudente renuncia, a la unión de todos los pueblos del partido colocado a mis órdenes. 
"Dios guarde a V. Md. muchos años. 
"Francisco Antonio de Zela ". La comunicación a Rivero es de un tono audaz; se basa en la confianza por la pronta llegada de los refuerzos argentinos. Paralelamente, para Francisco la adhesión de Arica constituía asunto a solucionar de inmediato; por ello escribe dos cartas a Hilarión Blancas y a Felipe Portocarrero con la intención de lograr inmediatas adhesiones por parte de las instituciones gubernativas de Arica. La carta a Blancas está redactada en los siguientes términos: 

"Comandancia Militar de la Unión Americana 
"Tacna y 22 de junio de 1811. 
"Señor don Hilarión Blancas. Arica. Mi muy estimado amigo: 
"Las fatigas del día y hora de las doce de la noche en que escribo a V. Md. no dan lugar para más que avisarle que, por voluntad del Exento, señor Castelli, quedó encargado de las armas de ambos cuarteles, los que se hallan en poder de nuestros hermanos. 
"Fiamos en la viveza, actividad y amor constante por el bien público que a V. Md. le asisten, en que nos gane sin demora la voluntad de los señores alcalde de esa ciudad, principalmente la de don Justo Pastor Portocarrero Calderón, ayudante mayor de esa guarnición y demás amigos, a quienes juzgue deseosos de unirse a una causa tan justa como lo es la en que nos vemos empeñados. 
"Dios guarde a V. Md. muchos años para satisfacción de éste su amigo y demás"compatriotas verdaderos que secundan su obra, son los deseos de éste su S.S. que S. M. B. 
"Francisco Antonio de Zela". 

Instantes después, escribió la carta a Portocarrero en la cual justificaba la toma del pueblo de Tacna. La expresó así: "

Comandancia Militar de la Unión Americana 
"Tacna y 22 de junio de 1811. 
"Señor sargento mayor, don Felipe Portocarrero Calderón. Arica. Señor y amigo de mi mayor aprecio: 
"En carta que con esta fecha dirijo a nuestro común amigo don Hilarión Blancas doy cuenta de los sucesos ocurridos en esta ciudad, en que hemos creído del caso tomar la justa defensa de los intereses de nuestro soberano, de la religión y de la Patria. 
"Entérese a V. M, de su contenido. "Cuenta con el celo y voluntad de V. M. su amantísimo compatriota y amigo que S. M. B.
"Francisco Antonio de Zela". 

CUARTO DÍA 

Domingo 23 de junio. Tradicionalmente se considera que éste fue el día de auge de la rebelión; ciertamente lo fue, pero también empezó a gestarse el comienzo del fin. Por la mañana, el ambiente era de plena expectativa en Tacna: horas más tarde en la pampa de Caramolle -llamada también de la Disciplina- se pasaría revista a las tropas compuestas tanto por los contingentes provenientes de los valles circundantes como por los forma¬dos por los indios. Sin embargo, Francisco no se hallaba tranquilo, pues aún no recibía las respuestas de los aliados de Arequipa y Tarapacá, comarcas en las cuales consideraba debían haberse ya producido alzamientos similares a los de Tacna. Sobrellevando ello, Zela se encaminó a cumplir su misión clave del día en su calidad de comandante general: pasar revista a las tropas. 

Pasado el mediodía y en compañía de Cipriano Vargas y Rafael Gabino de Barrios partió Francisco de su cuartel en dirección al citado punto de reunión. Su recepción fue estruendosa. Las aclamaciones no se hicieron esperar y de inmediato Francisco hizo una arenga que fue recibida satisfactoriamente por las tropas. 

Fue en este momento cuando a Francisco le sobrevino un ataque cerebral que lo comprometió seriamente. Caído de la cabalgadura fue ayudado a incorporarse, y repuesto relativamente procedió a nombrar como coronel de naturales al cacique-Ara, y por teniente coronel a Pascual Quelopana, segunda persona del cacique, rematando esto con el otorgamiento del grado de sargento mayor al hijo de Ara, José Rosa. 

Más calmado, pero sin recuperar totalmente sus facultades, se dirigió al pueblo donde lanzó nuevamente proclamas al rey, la patria, la religión y la Junta de Buenos Aires, hasta llegar a su domicilio donde quedó al cuidado de su esposa María Natividad. 

Con este hecho prácticamente quedaba desactivada la rebelión, al verse seriamente menoscabada la imagen de su líder. Aprovechando este vacío de poder, los elementos contrarrevolucionarios revirtieron los logros alcanzados por el movimiento. Páginas adelante, relataremos el modo en que estos elementos se hicieron nuevamente del poder.

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